Empecemos por todo el equipo que necesita la fotografía profesional de arquitectura y de alojamientos
- Cámara
- Trípode
- Objetivos (gran angular y focal normal)
- Rótula del trípode
- Móvil o tableta (para el control remoto)
- Un flash potente o varios flashes
- Modificadores de luz (para los flashes)
- Dron (con seguro, registro y formación superada)
- Carta gris
- Un reflector blanco grande para el flash
- Filtros básicos (para proteger del polvo la lente frontal)
- Material de limpieza
- Baterías de repuesto para todos los equipos
- Al menos dos tarjetas de memoria (copia de seguridad dentro de la propia cámara)
- Bolsas para la cámara
- Funda para el trípode
- Un ordenador potente
- Un monitor de edición (calibrable)
- Pértiga para fotos de fachada o un objetivo tilt-shift
A lo largo del artículo explico para qué sirve cada uno de estos elementos
La cámara
Hoy en día los profesionales prefieren cámaras sin espejo de formato completo. Con sensores más pequeños no se aprovecha todo el rango dinámico, es decir, la capacidad de separar las zonas oscuras de las claras. Tampoco se aprovechan del todo los objetivos de calidad, porque un sensor menor no cubre el círculo de imagen de un objetivo de formato completo, y esos objetivos suelen estar diseñados con más exigencia que los pensados para sensores pequeños. La cámara también tiene que ser fiable y funcionar en condiciones distintas. Debe ofrecer buena autonomía para no estar cambiando baterías continuamente; se le puede añadir una empuñadura que duplica la capacidad. Y es imprescindible que permita disparar en formato RAW sin comprimir. Así el revelado posterior es posible sin que la calidad se degrade
El trípode
Hay trípodes de aluminio, de fibra de carbono y de madera. El más estable es el de madera, porque absorbe muy bien las microvibraciones, que son las que restan nitidez. La madera es también el material más pesado, así que, como equilibrio entre estabilidad y peso, la fibra de carbono suele ser la mejor opción. Además, la fibra de carbono apenas se ve afectada por la temperatura. Su dilatación y contracción son mínimas. El aluminio es el más sensible en ese aspecto y tampoco es un material especialmente ligero ni rígido, por lo que resulta más propenso a las microvibraciones.
Al elegir trípode, la ergonomía importa mucho. Tiene que ser cómodo de usar y, sobre todo, lo bastante firme para que las fotos no salgan movidas. Muchas veces se hacen varias tomas. Primero una con luz natural y después varias con flash. Entre unas y otras la cámara no puede moverse ni un milímetro. Un buen trípode garantiza que las tomas encajen y que no haya que alinearlas después por software, con lo que la calidad se mantiene intacta. Además, las exposiciones largas — al captar la luz natural pueden llegar a los 20 segundos — hacen que hasta la microvibración más pequeña afecte a la nitidez.
Los objetivos
Los objetivos tienen un papel decisivo en la fotografía de alojamientos. Siempre necesitarás un gran angular para que los espacios se aprecien bien, pero no vale cualquiera. La distorsión se nota mucho en este tipo de ópticas. Un objetivo de calidad y no demasiado angular da, tras las correcciones de lente en Lightroom, una imagen impecable a la vista. Las líneas rectas deben verse absolutamente rectas; la foto no puede parecer hecha con un ojo de pez. La reproducción del color también importa, aunque no es lo más crítico, porque el color se busca a partir de la toma con flash. Si esa toma está bien hecha, las desviaciones de color se corrigen muy bien. El objetivo debería dar además nitidez de borde a borde, y conviene comprobar que admite filtros roscados.
Además necesitarás uno o varios objetivos para los planos de detalle. Un 50 mm, por ejemplo, es una buena elección y se encuentra a precio razonable para casi cualquier cámara. Los objetivos más caros reproducen los colores con más precisión, dan más contraste y un bokeh más suave.
El control remoto
No conviene tocar la cámara entre una exposición y otra, ni entre las tomas con flash y las de luz natural, porque después se fusionan por software y deben estar hechas exactamente desde el mismo punto. Aquí entra en juego un móvil o una tableta con buena pantalla para controlar los ajustes. Así la cámara no se mueve, como sí ocurriría si manipulases los botones. Existen varias soluciones y programas. La mejor es un transmisor wifi independiente; también puede usarse el software del fabricante con el wifi propio de la cámara. Esas aplicaciones nativas suelen ser algo incómodas y no siempre conectan tan bien como un transmisor dedicado, pero los transmisores son caros y pueden costar varios cientos de euros, mientras que el software de la cámara suele ser gratuito.
El flash
Si buscas buena reproducción del color y quieres iluminar con sutileza las zonas más oscuras, un flash de calidad es una herramienta imprescindible. Debe tener disparo remoto y poder controlarse desde el propio flash o desde un mando independiente. Lo ideal es no manejarlo desde un transmisor montado en la cámara, porque al tocarlo la cámara puede moverse. El flash — o los flashes — deben tener potencia suficiente también para espacios grandes, y buena calidad de color. Los más baratos provocan problemas cromáticos y quebraderos de cabeza en la edición.
Los modificadores de luz
Cada alojamiento o edificio puede pedir un tipo de luz distinto. Con el flash se busca añadir algo de nitidez, corregir el color y aportar luz a las zonas oscuras de forma natural, y ahí los modificadores son clave. Si el espacio no tiene paredes ni techo blancos, no se puede rebotar el flash contra ellos. Los colores no quedarían naturales. En ese caso se recurre a difusores o a superficies reflectantes blancas plegables. Para las superficies de madera, por ejemplo, funciona bien el difusor pequeño del flash.
El dron
Qué dron comprar depende del uso que le vayas a dar y de la normativa vigente. La opción más segura es un dron de menos de 250 gramos, porque amplía mucho dónde puedes volar. También hay que contratarle un seguro propio, algo hoy fácil de encontrar. El dron debe estar registrado y hay que abonar la tasa correspondiente. Para pilotarlo, todo el mundo tiene que superar como mínimo el examen en línea, y es recomendable hacer además el examen presencial. Este segundo suele exigirse solo a quienes operan drones más grandes, pero es una buena forma de asegurar tus conocimientos aunque vueles equipos pequeños. Conviene tener hélices de repuesto y varias baterías adicionales. Si fotografías varios alojamientos en un mismo día, no te dará tiempo a recargarlas. Existe además un servicio donde se declara el vuelo y se consultan las zonas restringidas, aunque un dron moderno suele avisar si estás en una zona prohibida y no despega hasta que sales de ella.
La carta gris
La carta gris es un tono gris neutro que se incluye en una de las tomas del espacio. Sirve de referencia para la temperatura de color y para el equilibrio entre el magenta y el verde. Lo mejor es fotografiarla en varios puntos dentro de la misma escena, porque el reflejo de la luz en distintas superficies puede alterar la calibración. Normalmente se recurre a ella cuando el espacio no tiene superficies blancas. Si las hay, el blanco permite ajustar el balance con bastante precisión a ojo, además del ajuste manual.
Los filtros
Uno de los filtros más importantes en la fotografía de alojamientos es el polarizador circular. El polarizador permite modificar la dirección de la luz y, con ello, eliminar reflejos. En cristales, por ejemplo, o la luz intensa que rebota en el suelo. Durante los traslados yo pongo delante de él un filtro UV normal, es decir, un simple cristal protector, porque así controlo mucho mejor el polvo, que de otro modo acaba en la lente frontal. Quitando ese filtro antes de disparar y soplando aire con una perilla se asegura una lente limpia. Justo después coloco el parasol, que frena el polvo que cae del aire de la habitación. Un poco de polvo parece poca cosa, pero en la lente frontal se nota muchísimo en las fotos y obliga a mucho trabajo de edición.
El material de limpieza
Una parte importante de unas fotos de calidad es tener el equipo limpio. Lo más crítico es la lente frontal, los filtros, la lente trasera y el sensor. Conviene usar paños de calidad, preferiblemente de un solo uso, para no arrastrar la suciedad de una limpieza a la siguiente. El líquido también debe ser bueno, para que no deje restos en las superficies. Para el sensor se venden kits específicos, aunque en la mayoría de los casos basta con soplar aire suavemente usando una perilla manual de limpieza. Es lo bastante suave como para no dañar nada y suele ser de plástico, así que si toca la cámara no causa daños. También hay perillas pequeñas con filtro antipolvo, que reducen aún más el traspaso de partículas. No recomiendo en absoluto usar productos químicos agresivos ni limpiadores de mala calidad. Pueden estropear los recubrimientos, que son muy caros, de los objetivos.
Las baterías de repuesto
Las baterías son una parte esencial del trabajo. Las cámaras más económicas suelen admitir solo baterías pequeñas, mientras que con una de los modelos más caros puedes cubrir varias sesiones. Aún así conviene llevar varias de repuesto, sobre todo para el dron, que es lo que más consume de todo el equipo. También va bien tener cargadores para todas ellas, para poder ponerlas a cargar de una vez.
Las tarjetas de memoria
Según la situación necesitarás una tarjeta u otra. Yo prefiero marcas caras y de buena reputación. Así se aseguran mejor la velocidad y la conservación de los archivos. Para fotografiar alojamientos no hace falta necesariamente la tarjeta más rápida del mercado, aunque viene bien porque acelera el volcado al ordenador. Recomiendo tener al menos tres tarjetas, preferiblemente de la misma capacidad. Yo llevo una grande en la cámara y otra algo menor. Si no vacío la tarjeta de copia de seguridad cada dos por tres, normalmente sigue teniendo espacio de sobra y no tengo que ponerme a borrarla desde la cámara en pleno trabajo. Para vídeo uso una tarjeta más rápida, que además me sirve de reserva para la fotografía. Si alguna se estropeara, bastaría con cambiarla para seguir teniendo copia de las tomas siguientes.
Las bolsas
Esto es más una cuestión de gustos. A mí me gusta una bolsa — o una combinación de bolsas — que proteja también de la lluvia cuando hace falta, bien acolchada, de modo que la cámara, los objetivos y el resto del equipo vayan seguros. Conviene buscar una donde quepa todo, pero sin que resulte innecesariamente voluminosa. La sencillez ahorra tiempo. La funda del trípode cómprala con las medidas y la protección adecuadas para el tuyo, y que sea ergonómica y cómoda de llevar.
El ordenador y el monitor
Yo siempre hago un primer revelado en Lightroom y luego paso a Photoshop para los retoques más finos. Desde ahí puedo recurrir a otros programas si necesito, por ejemplo, un trabajo de color más preciso. En ese punto puedo tener decenas o incluso cientos de imágenes abiertas a la vez, así que un ordenador potente es imprescindible para que el flujo de trabajo sea ágil. Por mi experiencia, debería tener al menos 64 GB de memoria RAM y un procesador razonablemente potente; el disco SSD también debe ser rápido. Todo eso ahorra tiempo. Con un ordenador corriente puedes editar fotos de una en una, pero no resulta práctico cuando hay que exportarlas todas de golpe a PSD y JPG. Una sola imagen final puede combinar tres exposiciones de luz natural y varias con flash si el espacio es grande, de modo que una foto se compone de varias tomas. Eso exige mucha potencia y mucha memoria.
El monitor tampoco puede ser uno cualquiera. Los colores de una pantalla se desplazan con el tiempo, según envejece, de modo que tiene que poder calibrarse. El mejor resultado se obtiene con la calibración interna del propio monitor, algo que ofrecen ciertos fabricantes de gama alta. Un monitor corriente, además, reproduce bastantes menos matices de color. Con uno bueno puedes examinar las imágenes con mucha más precisión y hacer los ajustes necesarios.
Alturas y otras soluciones
Para fotografiar una fachada hay varias opciones. Puede hacerse con una pértiga, que eleva la cámara lo suficiente para que el edificio no parezca caerse hacia atrás. También puede resolverse con dron. A veces se recurre a una combinación de escalera y trípode, que aporta estabilidad y mantiene el encuadre intacto. Otra solución muy usada es el objetivo tilt-shift. Lleva un mando con el que se corrige la perspectiva en la propia óptica, sin necesidad de ganar altura
Resumen
La fotografía de alojamientos se puede abordar de muchas maneras. Las técnicas más avanzadas exigen tiempo, tanto en la sesión como en la edición, aunque el resultado también es excelente. El equipo no tiene por qué ser el más caro del mercado. Con material básico ya se empieza bien. Las herramientas que he mencionado facilitan el trabajo y lo hacen más fluido. No he citado marcas concretas porque hay muchísimos fabricantes. Las decisiones sobre materiales o sobre el tamaño del sensor ayudan al flujo de trabajo, y son cuestiones bastante universales más que propias de una marca. Si ya estás acostumbrado a un sistema, lo más probable es que ese fabricante tenga varias versiones de cámaras y objetivos, de modo que no existe una única solución válida. El presupuesto también cuenta. En un trípode puedes gastar un par de cientos de euros o más de mil sin ningún problema. Al final lo que decide es el conjunto y la comodidad de uso. Aun así, saber manejar las herramientas sigue siendo lo más importante para conseguir buenas fotos de alojamiento.
El equipo es solo un medio. Si prefieres las imágenes ya hechas sin invertir, consulta mi servicio de fotografía de alojamientos.



